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No muerde el periodismo digital. Los innovadores que admiro en AL

28 Abr

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Margarita Funes tiene un bonito semblante como de mujer hindú –incluso la confunden- , es muy segura, no es alta, pero cuando aparece en un lugar se impone.  Quizá por eso no pagamos cover en aquel bar de Austin, donde escuchamos delicioso rock sureño. Le atinamos, le dije en el chat de la blackberry que nos mantiene conectadas siempre. David Brooks, el  corresponsal de La Jornada en Nueva York, me dio otra de sus maravillosas cátedras y me contó que esa ciudad texana es la capital de la música en vivo. Y lo corroboramos con esa banda que tocaba en un escenario decorado con tapaderas de latas de pintura.

Pero regresemos a Margarita. Es de las pocas periodistas latinoamericanas que cuenta con mucha experiencia en el mundo digital. Después de estudiar una beca en Estados Unidos regresó a El Salvador y en poco tiempo la nombraron coordinadora del área multimedia de La Prensa Gráfica. Gracias a ella y al director del periódico que no se asustó con la revolución tecnológica, hoy son referente del periodismo online en la región.

Por simple geografía Margarita y yo deberíamos encontrarnos en México, Guatemala o El Salvador, pero no, creo que somos algo tercas –ya les diré por qué- nuestro punto de unión es el norte. Hace un año nos conocimos en Austin y ahí nos volvimos a ver a mediados de abril. Aunque en diciembre nos encontramos en El Salvador por accidente, me equivoqué de fecha y perdí el vuelo a Perú, así que cambiaron mi itinerario e hice una inesperada escala de cinco horas en el país de Margarita. Fue tan generosa que cuando supo que estaba en el aeropuerto me invitó a recorrer el periódico y luego comimos en la playa. Esquivó el tránsito y me dejó a tiempo para seguir mi viaje a Lima.

¿Y qué nos lleva a Texas? La terquedad de otro gran latinoamericano. Rosental Calmon Alves, ex corresponsal brasileño, director del Centro Knight de Periodismo Digital para las Américas en la Universidad de Texas y artífice del mejor simposium que sobre el tema se realiza cada año. Como pionero de las ediciones online en Brasil (en 1995 creó la del Jornal do Brasil), es un evangelizador del planeta online y siempre tiene de su lado a un puñado de latinoamericanos. Este año había 300 inscritos, casi todos de Estados Unidos, y éramos como 20 o 25 que hablábamos español o portugués. Tuvimos oportunidad de compartir experiencias en petit comité tanto en una reunión más informal –cuyos tragos invitó Mariano, un salvadoreño avecindado en Texas- como en el coloquio que organiza el centro exclusivamente para latinos después de dos días en los que sólo se escucha el idioma inglés.

Y Margarita pertenece a ese pequeño grupo. Desde hace seis años no falta a la cita en Austin. Es de las que escucha todas las ponencias y luego concreta ideas en su periódico. Y cómo no hacerlo si se reúne el top del top. Lo digo no sólo porque van directivos o periodistas de medios como The New York Times, The Wall Street Journal o CNN, sino por la asistencia de representantes de todos los continentes, este año los sudafricanos tuvieron un lugar importante y el anterior, fueron los egipcios por el papel que jugaron las redes sociales en la Primavera Arabe. También se congregan creadores de sitios de internet muy innovadores, de esos peces chicos que se están comiendo a los grandes como el  polémico The Huffington Post que acaba de ganar su primer Pulitzer por haber publicado una investigación del más puro periodismo tradicional realizada por David Wood, un ex corresponsal de guerra, que relata la vida de los soldados cuando regresan a casa con heridas graves.  O sea, no hay tal división, como creen algunos, entre el periodismo clásico, ese que escriben con letras mayúsculas y el online, parece que ambos se complementan y reinventan.

Desde que nos vimos Margarita y yo simpatizamos mucho. Cuando llegué a Austin no conocía a nadie, pero en minutos hice roncha con ella y con dos excelentes estudiosas del periodismo digital. Una es Elvira García de Torres, académica de la Universidad CEU Cardenal Herrera en Valencia, líder de varias investigaciones, y Lyudmyla Yezerska, quien dejó un buen puesto como directora de internet de un banco en Ucrania para acompañar a su esposo a Piura, al norte de Perú. Aprendió el idioma, sufrió para adaptarse a un ambiente muy distinto al suyo, cambió su profesión y ahora es autora de un libro clave para entender el periodismo online en ese país sudamericano. Nos hicimos tan amigas que ella, su hija Tati y yo viajamos en diciembre a Machu Picchu, ahí se completó el eje Texas-El Salvador-Perú.

Y lo digo porque en Lima conocí a otra gurú de la prensa digital, a Esther Vargas, creadora de Clasesdeperiodismo.com, sitio en el que muchos podemos aprender a toda hora de esta actividad que es tan cambiante. En poco tiempo Esther se ha convertido en una especie de maestra de millones de periodistas y en ejemplo de que los punto com no se comen a la prensa, al contrario la enriquecen y le imponen desafíos. Esther es además una anfitriona de primera, me invitó platillos peruanos en Chorrillos, ese barrio que ella describe como el más bonito de Lima –claro nació allí- y que yo no encontraba en mi mapa turístico. Cuando caminé por la playa, vi a los pescadores y a cientos de aves pasearse en la orilla le di la razón.

Sin proponérmelo en estas líneas hice una presentación de Margarita al lado de otras mujeres y de un hombre que admiro mucho, porque además de ser grandes seres humanos, inteligentes, talentosos, emprendedores, son tercos. Defienden y aplican lo que creen. No son de esos que esperan a que el desastre los arrolle para intentar cambiar o que dan pasos tan cortos que ni se notan .

Sé que muchos periodistas sienten miedo,  desconfianza, no conocen o creen que las herramientas digitales son enemigas o que hay mucha basura en las redes sociales, lo cual es cierto, pero no todo es malo. Yo tenía esa postura hace unos años. No dudo que Margarita o Esther –ella me lo contó en el Haití, un café del barrio de Miraflores, ese de la adolescencia de Mario Vargas Llosa- se atemorizaron un poco, pero creo que es mejor cometer algunos errores intentando cambiar que equivocarse en la inmovilidad.

Hay que desapegarse de ciertas ideas para renovarse, claro sin dejar de hacer lo mejor del periodismo tradicional. Apenas comienzan los cambios y gente talentosa y bella como Margarita contribuye a construir algo que no sabemos qué será. Mi opinión es que es preferible no quedarse en la orilla, sino incursionar con la seguridad que le veo hoy a Margarita o con miedo, pero hacerlo ya. Algunos dirán que para algunos medios eso no está en duda, pero no son todos.